jueves, 1 de junio de 2017

Tébar

Informe días 3 y 4 de febrero
Horario: 8:00 a 12:00 m y 2:00 a 5:00 ambos días
Curso:  Enfoque metacognitivo para el desarrollo de competencias y la apropiación de aprendizajes significativos”
Ponente: Hno. Lorenzo Tébar Belmonte, mediador pedagógico internacional Español.
Evento organizado por:
La Facultad de Medicina
Departamento de Educación Médica
Diana Díaz Hernández
Miglena Kambourova
Leonor Galindo Cárdenas
El pasado jueves y viernes (3 y 4 de febrero), asistí al curso Enfoque metacognitivo para el desarrollo de competencias y la apropiación de aprendizajes significativos”, cuyo ponente fue el profesor Tébar, pedagogo, psicólogo, Español, en donde su base principal de discurso es “Educar con amor”. Su formación académica es “lasallista”. Actualmente es profesor del Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle-Universidad Autónoma de Madrid. Es además el coordinador pedagógico de unos 350 colegios de La Salle en toda Europa, “para provocar la interacción y el intercambio de algunas prácticas, una pedagogía más actualizada para la formación de directivos y docentes”.
Inicia el curso con un Taller, en donde se nos pregunta, ¿cuáles son las tres debilidades de nuestros alumnos? Entre todos los grupos que formaron, se acuerda que son:
  • · Pragmatismo – utilitarismo – superficiales
  • · Falta base en primaria y secundaria
  • · Faltan valores
  • · Comunicación – conflicto generacional – brechas
  • · No tienen criterios para la selección de información
  • · La incapacidad de pasar del lenguaje a la acción
  • · Carencias comunicativas
  • · Deficiente selección de información
  • · Respeto – Exp. Ética
  • · Multidisciplinar
  • · Aprender valores
  • · Uso de las TIC’s
  • · Cultura
  • · Unas estudiantes que asistieron, hablan de la necesidad de tutela de una mediación
Después de debatir sobre estos puntos, el profesor dice que la intención en un maestro o profesor es la de ser motivador, darles tiempo de asimilación, pero encuentra que hay resistencia al cambio, y que realmente es muy generalizada. Hay que ofrecer una alternativa que le permita ver la respuesta. Es importante construir la mente. Cómo ayudamos a la construcción de la persona? No puede ser en el vacío, tiene que ser en los contenidos; debe ser estructurante.
Algunas frases sueltas que se dijeron:
  • · ¿Cómo enseñar a pensar? R: Existen muchos métodos y programas que sirven a ello.
  • · Los profesores deben aumentar su autoestima de la profesión más maravillosa.
  • · Qué tipo de profesores necesita
  • · Con qué método, cómo lo hace
  • · Cómo ejercer la autoridad
Habla sobre un libro en francés, La Pédagogie Feuerstein, ou la pédagogie à visage humain. Colección Clair & net – psychologie. Formato 12 x 19 150 páginas. Pedagogía Feuerstein: O Enseñanza del rostro humano. En la página 26 podrán encontrar los 5 tipos de programas que el ministerio de educación les enseñaba a los profesores de España, los documentos que seguían todos los colegios, para que todos los profesores conocieran cuales eran los principios vectores del nuevo sistema educativo:
1. La mejor praxis (Práctica, en oposición a teoría o teórica) es una buena teorización. Conocer los principios. A pesar del pragmatismo que tienen los alumnos, la mejor praxis es una buena teoría. Conocer los principios.
2. Métodos que tienen los programas
3. Para con esos mismos modelos podamos ayudarnos. Cómo lo haces?
La actitud mediadora debe aprovechar el conflicto, el mejor educador es el que lleva al conflicto. Debe comprender las necesidades de sus estudiantes.
Su explicación del “Paradigma” sobre la Mediación del Docente, es su clave central: La educación hay que repensarla, con una visión futurista, en donde el maestro debe ser un “mediador”. Expone los puntos sobre el perfil que debe tener dicho profesor, como así mismo las características y la aportación de la mediación en el proceso de aprendizaje en el alumnado. Para ser mediador lo primero es adelantar su propia convicción como mediador, como persona que se interpone entre el párvulo y los contenidos
Fundamenta su teoría, en autores como Vigotsky, Piaget y básicamente en el profesor Reuven Feuerstein, con el que ha sido colaborador (Feuerstein fue director de su tesis de Doctorado la cual recibió el Premio en Ciencias de la Educación de la UNED en el 2002)
Inicia su exposición con una descripción de la teoría de Piaget: sus estadios de desarrollo de la inteligencia, sus estudios sobre la psicología infantil, la inteligencia sensoriomotriz, la inteligencia práctica, la inteligencia intuitiva, las operaciones concretas y las operaciones intelectuales abstractas. Menciona, los conceptos básicos de la teoría de Piaget: esquema, estructura, organización, adaptación, que es en la parte en la que hace más énfasis, porque de allí se genera el “cambio”; la Asimilación, en donde el organismo se enfrenta al estímulo del entorno, la acomodación en donde hay modificación de la organización, y el equilibrio, en donde se genera el sujeto cognoscente. Para Tébar, es importante el aspecto de “desequilibrar” al estudiante, para hacer que se acerque al deseo de aprender, para motivarlo a aprender, a ir más allá. Dice que es importante que el profesor sea un motivador, para generar esos desequilibrios para que busque esa acomodación.
El equilibrio se establece entre los esquemas del sujeto, los acontecimientos externos, los propios esquemas, generando una integración jerárquica de esquemas diferenciados. Todo esto lo que tiene que promover un profesor motivador. Si el alumno no se ve en desequilibrio, no se ve motivado. La adaptación es parte del profesor.
El aprendizaje es un proceso de adaptación. Parte de nosotros (de los procesos cognitivos y desarrollo mental, de Vigostky).
La adaptación es un proceso en lo que necesitamos adaptarnos al proceso
Somos sujetos que nos adaptamos al objeto. Es el proceso de adaptación.
Asimilación: el objeto se ha adaptado al sujeto
El estudiante debe buscar.
Las Funciones cognitivas se desarrollan de acuerdo a ese proceso de equilibrio interno entre la acomodación y la asimilación es al punto al que hay que dirigirse al estudiante. Es provocar ese tipo de situaciones para generar el proceso de equilibración y tener ese desarrollo cognitivo que es al que le apunta Piaget.
Si el alumno ha captado su información, si es organizado a la hora de recoger los datos.
El vocabulario que utiliza…
Es hacerle buscar Hace un recuento sobre los procesos de aprendizaje según Piaget: acomodación, desequilibrio… asimilación.
El profesor debe ser: Motivador
El nuevo paradigma exige construir la mente del alumno para que él aprenda a aprender. El profesor debe permitir al alumno construir a través de los contenidos.
Los cambios educativos en la sociedad actual, globalizadora, con miles de culturas, los medios de comunicación, son las formas nuevas de vida, y la educación no puede quedarse atrás. También debe tomar un camino nuevo, en donde todo quepa, repensando su lugar en la sociedad, repensando su razón de ser en una sociedad que cambia a pasos agigantados.
Se pregunta: ¿Cuál es el paradigma psicopedagógico hoy en las aulas? Existen tres pasos, (en los cuales el colegio debe renovarse en el sentido pedagógico. Hay que tener una alternativa):
1. Conocer las corrientes psicopedagógicas actuales
2. Inspirados en el carisma o en el estilo pedagógico o carácter propio del Centro o Institución (ej. Guía de las escuelas- JBLS).
3. Definir nuestro PARADIGMA actual, creativo e innovador, con visión de futuro: Síntesis para hoy.
Cómo educar en una sociedad incierta?
Hemos aprendido la hegemonía del conocimiento. En la actualidad hay que educar en las nuevas ágoras. Tener conciencia del cambio estructural
“El mundo en el que van a vivir nuestros hijos está cambiando cuatro veces más rápido que nuestras escuelas”
Qué es educar? Encontramos muchas definiciones: ciencia, arte, acoger, amar, acompañar, potenciar, comprender, construir, interiorizar, dar sentido, autonomía, socializar, experiencia ética, ser feliz, salvar.
Entonces, hay que ofrecer nuevas competencias, estar en una actualización constante.

miércoles, 24 de abril de 2013



LAS CARTAS QUE NO LLEGARON

Brujas - Bélgica

Brujas - Bélgica

Brujas - Bélgica

Canales de Brujas - Bélgica


lunes, 16 de enero de 2012


FELIZ 2012 

Iniciamos pues este año 2012.
Algunos siguen con nosotros, otros se han marchado.
Este año lo siento un poco extraño, pero tengo fé en que vendrán cosas muy buenas para todos. La mayoría piensa que es el tiempo final y yo pienso que es el inicial.
Viene un nuevo ciclo, de renovación



jueves, 22 de septiembre de 2011

Fotos

Este es mi pasatiempo preferido.
Fotos a la naturaleza...

lunes, 15 de agosto de 2011

LAS CARTAS QUE NO LLEGARON


En aquellos días en los que ni las computadoras ni el Internet existían, había un sistema de comunicación tierno, de entrega total, con las huellas propias de cada ser humano, de signos, rayones y muchas veces, de ininteligibles letras, que llamábamos cartas y eran distribuidas en las casas y oficinas, por los carteros.
Por mi casa pasaba uno de ellos todos los días. Él era un hombre pequeño, de cabello cano, un gran bigote blanco, una tierna sonrisa, piel un poco rosa y su kepis gris. Su pantalón era de color azul, con una línea gris a cada lado y una impecable camisa amarilla clara de manga larga, puños grises, con el emblema de Adpostal rojo y blanco en el bolsillo derecho. A este señor lo vi envejecer año tras año, al igual que a la “señorita Elena” quien vivía en la parte superior del edificio.
El cartero le llevaba religiosamente cada quince días una carta a la señorita Elena, siempre en sobre diferente, en esas esquelas hermosas que salían antes, con unas estampillas que me derretían de la envidia, pues eran de China y yo tenía una linda colección de estos sellos; me daba pena pedírselas, pues le brillaban de una manera tan especial los ojos cuando las recibía, que mi voz se atragantaba para decirle algo. Sentía que le robaba parte de ese ser que tanto anhelaba.
Las letras que se dibujaban en esas cartas, sólo llevaban palabras de amor, que para ella eran alientos de vida. Eran como un bálsamo de felicidad. A veces me las mostraba y otras, me leía algunos apartes de ellas. Parecían poesía viva. Tenían tal descripción del amor que él sentía por ella, que el cielo, por más gris que fuera, se tornaba azul.
En las cartas, su amado le decía que cuando ella pudiera irse a reunir con él, la estaría esperando; que sus días se daban sólo por pensar que ella estaría a su lado en algún momento de su vida, pero la señorita Elena, como buena hermana que era, tenía la promesa de cuidar a su hermano hasta el final y él lo sabía.
Ella era preciosa. Tenía unas facciones muy pulidas, parecía una griega, con excelentes proporciones y piel suave. Sus ojos un poco almendrados de un color entre verde oliva y musgo, se tornaban rasgados con su amable sonrisa. Sus labios siempre llevaban un rosa brillante, que combinaba con su piel blanca. El cabello era castaño claro hasta los hombros y tenía un cuerpo armonioso que movía graciosamente al caminar. Siempre estaba de zapato alto y falda. Jamás la vi usar pantalón. Tenía las piernas contorneadas y rectas. Nunca la noté de mal genio o molesta por algo, aunque llevaba su cruz con el cuidado de su hermano. Él era una buena persona, pero bebía hasta altas horas de la noche. Juan se llamaba. “Don Juan” le decíamos en casa. Era un señor alto, también de lindas facciones, pero que tenía el dichoso vicio del licor.
En casa le decíamos a la señorita Elena “que dejara al hermano y que hiciera su vida”. “Que él ya estaba crecido y sabría cómo salir adelante”. “Que su amado la esperaba y contaba con ella para poder continuar su vida”. “Que el tiempo nada devolvía y que estaba perdiendo sus mejores años de vida”. Pero no, nuestras palabras se las llevaba el viento, porque, insistía en decir, que ella le había prometido a su padre moribundo que estaría con su hermano hasta el final y eso, era una promesa sagrada. Su amado, como dije, era consciente de la promesa y respetaba esa decisión.
El tiempo siguió, Don Juan empezó a enfermarse y para colmo, a la señorita Elena, dejaron de llegarle las cartas. Ella miraba por el balcón de su apartamento o por la ventana de su habitación, en busca del cartero, pero éste jamás volvió a verse. Pasaron los días, los meses y su elíxir, no aparecía en lo absoluto. De todas maneras, ella escribía diariamente unas letras para su amado, como dando respuesta a las cartas que no recibía, tal vez por la costumbre o quizás para darse un poco de ánimo. -¡No puede ser que me haya olvidado!-, se decía o -A lo mejor está enfermo-; se comentaba como para no desfallecer. ¿Será eso posible? Y si fuera así, -¿Quién lo estará cuidando?- y de pronto -Si se golpeó en la cabeza, ¡tal vez por eso me ha olvidado!-. Se decía una y otra vez. -¡Esto no puede estar pasando!- Empezaron a rondarle mil ideas por la mente. Trató de lograr entender de manera lógica que podría haber sucedido, pero nada concreto le surgía. Sin embargo, ella le seguía enviando sus escritos, comentando el día a día, aun sin recibir respuesta alguna. Pensó entonces en llamar, pero igual, no tenía el número y en ese entonces, era muy costosa una llamada al exterior y ¡menos a China! Para colmo había que ir a unas cabinas especiales para ello, y si hubiese tenido el número, el dinero no le hubiera alcanzado, pues Don Juan, lo que antes derrochaba en licor, se lo gastaba ahora en la compra de los medicamentos para su enfermedad. Le habían diagnosticado cirrosis e imagino que generada por el exceso de licor.
Los días fueron pasando, días que se convirtieron en años, no muchos realmente, pero la señorita Elena, empezó a demacrarse y a envejecer prematuramente.
El médico dijo que Don Juan, debía tener unos cuidados muy especiales si quería tener unos años más de vida y que no era prudente que consumiera más licor. Decidió dejar de beber, pero la cirrosis ya había hecho lo suyo. Cada vez se veía más pálido.
No sé si pensar que afortunada o infortunadamente, la vida de la Señorita Elena, convirtió su tiempo en entrega única y exclusivamente para su hermano. Tenía que insistir en que se alimentara, en bañarlo, en vigilar que no se ahogara con los vómitos de sangre, en fin, enfermera privada las 24 horas y ya no había tiempo de pensar en nada más.
A veces tenía que cambiar hasta tres veces al día las sábanas, todas untadas de sangre. Otras veces debía lavar el piso cuando Don Iván tenía vómitos oscuros sobre él. Ella sin impacientarse, hacía su oficio. Al fin de cuentas, le estaba cumpliendo la promesa a su padre y con esto se sentía aliviada, aun cuando en estos momentos realmente necesitaba de un apoyo, obviamente más moral que económico y así volvía a su mente la ausencia presente de su amado. Sí, él realmente no estaba ahí con ella, pero su pensamiento hacía que la acompañara día a día, y eso la mantenía viva.
Un día la señorita Elena, salió a la Farmacia de la esquina, muy preocupada porque Don Juan tenía las manos muy rojas y las venas muy visibles en el cuerpo, como telarañas de sangre en la piel y fue a preguntarle al farmacéutico qué opinaba sobre el asunto. De pronto vio en la entrada de la farmacia, a varias personas reunidas, hablando de algo que llamó su atención de manera muy especial. Los vecinos, comentaban que algo extraño debería estar pasando por esa parte del barrio, porque a varios de ellos que ya estaban jubilados, los cheques les habían dejado de llegar a sus casas y a otras personas que tenían convenios por correo, no las habían vuelto a recibir. Los jubilados habían tenido que ir a los bancos, en donde les decían que los cheques habían sido expedidos y a las otras personas de las suscripciones, también les habían informado que evidentemente se enviaron a las direcciones consignadas en su debido momento de la compra. Pues bien, la señorita Elena no dijo nada, habló con el farmacéutico quien le dijo que era importante que viera mejor al médico que estaba tratando a Don Juan. Salió de allí, casi sin dar las gracias, porque ya tenía en la cabeza otro asunto más por resolver. Llevó a Don Juan al médico. Lo dejaron hospitalizado en cuidados intensivos. El médico le dijo que no se preocupara que él estaba en buenas manos, que se fuera a descansar. Dudó un poco en salir, pero recordó que tenía algo pendiente por averiguar.
Regresó a su casa, y fue a hablar con las personas que antes había visto hablando del caso de los correos. El corazón le latía con gran fuerza, como si presintiera algo. Habló con este, y aquel, hizo cálculos y sí, a ella también le hacían falta sus cartas desde la misma época.
Hizo que cada uno escribiera su caso y lo firmara. Se fue para la oficina de correos, expuso su tema con el Jefe de zona del Correo y le dijo que miraría el asunto. Ella no le vió como mucha celeridad para hacer la diligencia y es entonces cuando le muestra las cartas de sus vecinos.
El Jefe tomó las cartas, vió que el asunto era serio realmente y dijo que pronto le daría respuesta, que él personalmente se apropiaría de la investigación. Empezó a mirar las fechas y concordaban claramente con la muerte del antiguo cartero de la zona. Miró las rutas y a los encargados del recorrido. Empezó a estudiar todo, y en unos días, notó cómo uno de los carteros, Jaime, justo el asignado a esa franja, era el primero en llegar a la oficina después de la jornada y siempre se le veía bien puesto.
Habló con todos los compañeros de éste y le comentaron que hablaba poco, que era más bien tranquilo y relajado en su desempeño. Además, siempre se le veía muy descansado por mas trabajo que tuvieran. El Jefe decidió enviarle un compañero nuevo para vigilarlo, con el pretexto de que le diera una inducción. Jaime, sacó mil pretextos y se reportó como enfermo para el día en que tenía que dar la inducción y sugirió que alguien fuera con el chico en otro recorrido. Esto no le gustó para nada al Jefe, y decide ir a visitarlo a su casa. Fue con otro de los carteros, tocaron la puerta, la esposa abrió la puerta a medias, dijo que estaba dormido, que no podía moverse, que regresaran mas tarde, pero el Jefe insistió en verlo, porque dijo que era política del correo, preocuparse por sus empleados. A la señora no le quedó otro remedio que abrirles la puerta y dejarlos pasar, cuando ¡oh sorpresa!, los corredores estaban llenos de cajas con cartas, perfectamente organizadas. El Jefe y el cartero invitado solo se miraron, justo en el momento en que Jaime salió medio dormido de su habitación. Ante el asombro de ambos, él explicó que: -Era que había demasiado trabajo y no alcanzaba a entregar esa parte del correo-. Argumentó: -Que él trataba de llevar lo que podía, pero que ese trabajo al sol y al agua, a veces le afectaba-. Sin más, se dejó caer sobre el sofá de la sala, a la espera de las autoridades, pues sabía lo que le esperaba. La esposa, dijo que ella lo único hacía, era organizarlas.
Mientras tanto, la señorita Elena, ya en el hospital, era informada de que su hermano ya estaba en los últimos momentos de su vida y que ya nada podían hacer por él. Pidió autorización para estar a su lado hasta el último momento. Leyó el periódico para relajarse un poco; cuando de pronto vio la noticia sobre un cartero que estaba preso, porque había guardado en su casa cartas y que tenía por lo menos, una tonelada y media de peso en ella. Solicitaban a las personas que habían sido afectadas por este hecho, para retribuirlas por los posibles perjuicios que hubiesen tenido y que ya estaban enviando todas las cartas que no habían sido entregadas. Esto le dio una felicidad muy grande, porque sabía que tendría las suyas. Así lo sentía y por fin tendría sus letras de nuevo. Ella había sido constante en su comunicación y vería recompensada su fe.
Le comentó a Don Juan la situación en su lecho de muerte; él le sonrió, le tomó de la mano, le dijo –Mereces ser feliz, gracias por todo -, cerró los ojos y murió.
Ella, le hizo un entierro precioso, todo blanco: vestidos y flores, como si se anunciase la luz que se le venía a ella para la vida.
Ya en casa, sola, le llegaron las cartas que tanto había esperado. Leyendo una a una, se fue llenando de nuevo de felicidad, de vida y de energía. Ya estaba ojeando las últimas, cuando tocaron a la puerta de su casa. ¡Era su amado quien había venido por ella! Así se lo decía en su última carta que aún no había leído. Se abrazaron y besaron, como la primera vez. Él le explicó que tenía que venir por ella para apoyarla. En sus cartas se había enterado de todo lo que estaba sucediendo, gracias a que jamás dejó de escribir. Sabía que ella estaría sola pronto con su promesa cumplida y ahora venía por la de él. Regresó con todo el amor y el deseo de poderla tener por fin a su lado. Nunca le exigió nada y a cambio ofreció su amor incondicional. Se casaron y se fueron para China. Ya quien recibe cartas de ellos soy yo, pero sin estampillas, pues ya existe el e.mail.

lunes, 16 de mayo de 2011

Mi vida en la feria de las flores

Sección, de Historias y otros cuentos

Boletín Informativo – De la Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia

Edición 103

Agosto de 2006

Desde que tengo conciencia, la Feria de tas Flores, ha sido un motivo de alegría y compromiso en casa pues se ha trabajado arduamente con las manos por ella.

Todo empieza en 1960, cuando mi padre trabajaba en el Club el Rodeo y el señor Arturo Uribe Arango, tuvo la idea de que los silleteros hicieran un desfile por las principales calles de Medellín, así como lo hacían normalmente cuando vendían sus flores por los barrios de la ciudad.

Para los que no lo vivieron, ellos ofrecían su mercancía transitando por la ciudad con sus silletas, las que ahora llamamos “tradicionales” que consisten en poner gajos de flores: aquí las margaritas, allí las cecilitas, más abajo las siemprevivas y así llenaban toda su silleta, que antes, cuando los conquistadores españoles aún existían en nuestras tierras, eran sillas que se utilizaban para llevar a los enfermos, matronas y señores. Así nuestros campesinos, los arrieros, se colgaban el cinto en la frente y transportaban a dichas personas. Luego, esa práctica de llevar a los “señores” se convirtió en un sitio de privilegio para las flores.

Con el tiempo, el desfile fue tomando fuerza y a los silleteros les pagaban con aguardiente y con una que otra “chuchería” para las casas y los premiaban con una especie de moños hechos en cintas.

Una vez llega don Arturo y le muestra a mi padre unos moños para que él le imprimiera los distintos puestos y así pudieran escoger las mejores silletas. Estas cintas consistían en lazos colgantes de diversos colores y muy cortas. Así que mi padre, que era buenísimo para el screen (impresión a mano en plancha de seda suiza), le llevó a mi madre la muestra y ella, a su vez, diseñó algo lindo y desde allí empezaron a hacer las cintas para el desfile de silleteros.

En esa época, se hacían en screen que no es como ahora, pues las letras se cortaban a mano, en un material que se traía de Europa o de Estados Unidos; su nombre era el profilm y se cortaba con un bisturí. Papá era excelente cortando el dibujo que le pusieran. Fue uno de los pioneros del trabajo en screen aquí en Medellín.

En casa, todas las cintas se hacían a mano y aun se continúa con ese proceso y se les dice “gallardetes”. Así pues, cuando se vieron las primeras cintas, vinieron otras ferias, con banderolas y cintas para premiaciones como el Fondo Ganadero, ferias equinas y ganade­ras, exposiciones caninas, con la señora Ligia Maya y las cintas de premiación de la Socie­dad Colombiana de Orquideología. Esto era un trabajo familiar, en donde todos colaborá­bamos y la casa se llenaba de telas impresas y Eloisa, mi mami, en la máquina de coser, dale que dale... era un buen trabajo.

Los gallardetes de la premiación para los sille­teros y las cintas de premiación de la Sociedad de Orquideología, seguimos haciéndolos en casa. Es casi una institución en nuestro hogar y ni cobramos lo que realmente cuestan, pues es más el orgullo de ver una cinta puesta en una silleta o en una orquídea que el trabajo que demanda.

Las cintas tienen diferentes colores. Estos son establecidos internacionalmente. Cada color está determinado para un puesto. Azul, primer premio; rojo, segundo premio; amarillo, tercer premio; verde, cuarto premio, y blanco, quin­to premio.

En las silletas se seleccionan las 10 mejores de cada categoría con un gallardete de color blanco y verde. Con la inscripción de finalista. Las categorías son: tradicional, monumental, emblemática, junior, infantil y comercial. De éstas salen los primeros, segundos, terceros, cuartos y quintos puestos. De los primeros 6 puestos se premia la mejor de todas y se le coloca un gallardete tricolor con la inscripción de “Ganador Absoluto”, que tiene los colores de la bandera de Colombia. Cada silleta va adornada con la bandera de Antioquia.

Para llegar a un ganador, los jurados toman varios puntos para la evaluación. Tienen en cuenta: la distribución, la cantidad de colores, la variedad de especie, la armonía y la frescura, entre otras cosas.

A cada silletero en la actualidad, se le paga la silleta. Se tiene un precio establecido por Fomento y Turismo.

Pero ¿qué silletas vemos año tras año en los desfiles? A través del tiempo, han ido aumentando su creatividad para mostrar las silletas. Tenemos:

Las silletas tradicionales: las cuales tienen una cantidad de manojos amarrados individualmente. El jurado tiene en cuenta la variedad de especies y deben ser flores cultivadas en sus fincas o en las aledañas. Es de elaboración sencilla y tiene desde flores silvestres hasta finas, por lo general de poco tamaño. Su dimensión mínima es de 70 x 70 cm. Las flores no pueden ser pintadas de manera artificial. Sin embargo pueden intercambiar entre vecinos las flores. La estructura es de pino.

Las silletas monumentales: son las grandes que, por lo general, terminan en gladiolos o espigas y pueden tener una gran extensión en su radio (1,50 x 1 m) Casi siempre son ovaladas. Se caracteriza por tener ramilletes enteros. Debe tener como mínimo cuatro variedades de flores diferentes. Su estructura o base es de pino.

Las silletas emblemáticas: son aquellas que tienen un mensaje intrínseco, ya sea cívico o educativo. Por lo general, les dan el tema para que se inspiren en algo básico, que casi siempre tiene que ver con el momento histórico de la ciudad, el país o el mundo. Las flores van pegadas o clavadas, sobre cartón o icopor.

Las silletas comerciales: son las que van al final del desfile y están diseñadas para una empresa en especial. En este caso, las flores pueden ser pintadas de acuerdo con las necesidades del logo. La empresa que desea ser representada, decide cómo va su diseño y qué quiere expresar.